
Durante los últimos tres años, tener tu dinero en CETES fue una decisión fácil de justificar: tasas por arriba del 10% anual, sin mover un dedo, respaldadas por el gobierno federal. Ese periodo ya terminó. Hoy, después de que Banxico bajó su tasa de referencia de 11.25% a 6.5%, y con la mayoría de los analistas anticipando que se quede ahí —o incluso baje más— durante el resto de 2026, la pregunta que te tienes que hacer ya no es "¿sigo en CETES?" sino "¿dónde va a estar mejor parado mi capital durante los próximos años?"
Esta no es una pregunta con una sola respuesta correcta. Depende de qué tan cómodo estés con la idea de mover parte de tu dinero de un instrumento que no se mueve —el valor de tu inversión en CETES nunca sube ni baja, solo se acumula el interés— a uno que sí se mueve, como una FIBRA, cuyo precio puede subir o bajar según cómo le vaya al mercado. Lo que sí puedes hacer es entender con claridad qué está pasando con cada uno hoy, para decidir con información actual en vez de con la inercia de "así lo he tenido siempre".
Lo que cambió con las tasas a la baja
El atractivo de los CETES nunca fue el instrumento en sí —es de los más simples que existen—, sino la tasa que pagaba. Hoy, dependiendo del plazo que elijas, un CETES rinde entre 6.1% y 7% al año antes de impuestos. Es una tasa razonable, sin duda superior a la inflación, pero está lejos del 10% o más que ofrecía hace un par de años. Y si los pronósticos se cumplen y Banxico mantiene esta tasa —o la sigue bajando—, ese rendimiento no va a mejorar por sí solo en el corto plazo.
Esto no convierte a los CETES en una mala opción. Siguen siendo, por diseño, el instrumento con menor riesgo del mercado mexicano: tu capital no se mueve, el gobierno federal respalda el pago, y puedes entrar con montos pequeños. Lo que sí cambió es su atractivo relativo frente a otras opciones — porque cuando la tasa "libre de riesgo" baja, el resto de las alternativas de inversión, incluyendo bienes raíces, empiezan a verse comparativamente más interesantes de lo que se veían cuando competir contra un 10% garantizado era mucho más difícil.
Cómo les ha ido a las FIBRAs este año
Las FIBRAs —los fideicomisos que invierten en bienes raíces y cotizan en bolsa, algo parecido a comprar una pequeña parte de varios edificios o naves industriales sin tener que administrarlos tú— han tenido un 2026 notablemente bueno. El índice que agrupa a las principales FIBRAs mexicanas acumulaba, hacia finales de julio, un rendimiento de 10.5% en lo que va del año — más del doble de lo que ha rendido el mercado bursátil mexicano en general en el mismo periodo.
Ese rendimiento viene de dos fuentes distintas, y vale la pena entender la diferencia: una parte es el aumento en el precio de las FIBRAs mismas —lo que el mercado está dispuesto a pagar por ellas hoy—, y otra parte son los dividendos que reparten, que provienen de las rentas que cobran sus propiedades. Para este año se espera que esos dividendos representen alrededor de un 7% adicional sobre el valor de la inversión, resultado de que los edificios y espacios que tienen las FIBRAs siguen operando bien y generando ingreso constante.
La relación entre esto y las tasas de interés no es casualidad. Cuando los CETES y otros instrumentos de deuda pagan menos, las FIBRAs —que reparten un ingreso relativamente estable a través de sus dividendos— se vuelven una alternativa más atractiva por comparación. Es una dinámica que se ha visto antes en otros ciclos de baja de tasas, y es parte de lo que ha impulsado el buen desempeño del sector este año.
Lo que cada uno te da, y lo que cada uno te pide a cambio
La forma más útil de comparar estas dos opciones no es preguntarte cuál "rinde más" —eso ya lo viste arriba—, sino entender qué tipo de experiencia de inversión implica cada una, porque son fundamentalmente distintas.
Con los CETES, sabes exactamente qué vas a recibir desde el día en que inviertes. No hay sorpresas, no hay volatilidad, no necesitas revisar nada mientras dure el plazo. Es una herramienta de certeza, y esa certeza tiene valor propio — especialmente para la parte de tu portafolio donde priorizas tener el capital disponible y protegido, más que hacerlo crecer al máximo.
Con una FIBRA, entras a un vehículo que cotiza en bolsa, lo que significa que su valor puede subir o bajar día con día según el ánimo del mercado, aunque el negocio inmobiliario detrás siga funcionando exactamente igual. Ese movimiento de precio puede jugar a tu favor —como ha pasado este año— o en tu contra en algún periodo. A cambio, tienes exposición a bienes raíces sin la complejidad de comprar, administrar o vender una propiedad directamente, con liquidez inmediata si necesitas salir, y con el potencial de que tanto el dividendo como el precio te den un rendimiento superior al de instrumentos de deuda.
Ninguna de las dos es "la respuesta". Muchos inversionistas sofisticados no piensan en esto como una decisión de todo o nada, sino como una cuestión de proporción: cuánto capital quieres en instrumentos de certeza total, y cuánto en vehículos que participan del crecimiento del sector inmobiliario, con la volatilidad que eso conlleva.
La pregunta que realmente vale la pena hacerte
Con las tasas donde están hoy, y con pocas señales de que vuelvan a subir en el corto plazo, mantener una posición grande en CETES por costumbre —más que por una decisión activa— es algo que merece revisarse. No porque los CETES hayan dejado de ser útiles, sino porque el contexto que los hacía tan claramente atractivos ya cambió, y vale la pena que tu portafolio refleje ese cambio y no solo la inercia de cómo estaba estructurado antes.
Esto tampoco significa que la respuesta automática sea mover todo hacia FIBRAs. El buen desempeño de este año es un dato real y vale la pena tenerlo presente, pero un solo año de rendimiento fuerte no sustituye el ejercicio de preguntarte qué tanto puedes tolerar que el valor de esa parte de tu portafolio se mueva, y qué papel específico juega esa exposición dentro de tu estrategia completa.
La pregunta que realmente vale la pena hacerte no es "¿CETES o FIBRAs?", sino "¿qué proporción de mi capital necesita certeza absoluta hoy, y qué proporción puedo dedicar a participar del crecimiento del sector inmobiliario, entendiendo que ese crecimiento no viene en línea recta?". Esa respuesta va a ser distinta para cada inversionista — y es, en el fondo, la que define dónde te conviene estar parado en este nuevo ciclo de tasas.
